Islandia
y España se han visto afectadas desde 2008 por una crisis económica y social
que ha tenido una repercusión importante en los modelos sociales. Uno de los
aspectos en cuestión han sido las políticas de igualdad de género.
La Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación
contra la Mujer (CEDAW), fue adoptada en 1979 y ratificada por 187 países. España lo hizo en 1984. La ratificación de esta
convención compromete a desarrollar
políticas encaminadas a eliminar cualquier tipo de discriminación contra las
mujeres tomando las medidas necesarias a todos los niveles del Estado.
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| Sufragistas en Reikiavik |
El gobierno español presentó el informe gubernamental (2008-2013) ante
la ONU en septiembre de 2013. A su vez, el Comité de la CEDAW interpela a la
sociedad civil de los Estados para que elabore sus propios informes (conocidos
como Informe Sombra) con el fin de mejorar el conocimiento de la realidad en
materia de igualdad más allá de la visión gubernamental. Tras meses de trabajo
se ha presentado el informe de la Plataforma CEDAW Sombra España, compuesta por 50 organizaciones de mujeres, de
cooperación internacional y de derechos humanos de todo el Estado, que
evidencia que, lejos de cumplir con la Convención, el Estado español está
llevando a cabo un progresivo desmantelamiento de las políticas de igualdad.
Igualdad de género
Islandia
es diferente en muchas cosas, también en esto. Veamos los resultados del esfuerzo de las islandesas por
hacer desaparecer las desigualdades de género.
Islandia
lleva años liderando el ranking de igualdad de género del Foro Económico
Mundial. La revista Newsweek ha calificado a Islandia como el mejor país del
mundo donde ser mujer por las leyes que favorecen la integración laboral, la
igualdad y otros aspectos.
La participación política de las mujeres es una de las
diferencias más importantes con otros países. Las mujeres representan el 43%
del Parlamento y el 40% de los gobiernos
municipales. Islandia fue el primer país del mundo en el que una mujer, Vigdis Finnbogadóttir, fue elegida democráticamente Jefa de Estado (Presidenta, en el
caso islandés), fue en 1980. En 2008, tras el desastre financiero, la Primera
Ministra Jóanna Sigurdardóttir dirigió un gobierno paritario. Las circunstancias personales de estas dos
mujeres, la primera madre soltera y la segunda casada con otra mujer fueron
objeto de atención de los medios de comunicación del mundo, no así sus
políticas.
Sin embargo, reconociendo su mejor posición
respecto a las mujeres del resto del mundo y solidarizándose con éstas, el
objetivo de las mujeres islandesas no es
compararse con las de otros países, sino con los hombres de Islandia porque, como
dice la profesora Hanna Börg Vilhjálsdottir, "hoy en día sigue siendo mucho
mejor ser islandés que islandesa".
La brecha salarial
El
25 de octubre de 1975 marcó un hito histórico en la lucha por la igualdad en el
salario. En aquel tiempo el salario de las mujeres era el 65% del de los
hombres. Convocadas por el grupo Medias Rojas, a las 14:30, transcurrido el 65%
del tiempo de la jornada, 25.000 mujeres, en un país de 300.000
habitantes, abandonaron sus trabajos y
tomaron el centro de Reikiavik. En la conmemoración de 2010 participaron 60.000
personas. Con todo, y a pesar de la ley de a igual trabajo igual salario, la
brecha salarial en razón de género, actualmente de un 10%, sigue siendo un
asunto pendiente.
Esto
ocurre en un país donde la participación de las mujeres en el mercado de
trabajo, también de los varones, es la mayor de la OCDE: el 89% de los hombres
y el 84% de las mujeres. Este porcentaje supera en el 27% a la media de la UE.
La cruz de esta situación, tan envidiable desde el sur de Europa, es el reparto
del trabajo, muy condicionado por el sexo. En el extremo, el 90% de los directivos de las grandes
empresas son hombres.
Con
el fin de promover la igualdad en el medio laboral se han promulgado leyes que
multan la diferencia injusta de salario o, tras reconocer que sin forzarlo nada
se movía, se han establecido cuotas para los consejos de administración, que
poco a poco van transformando la situación. Los padres islandeses tienen derecho
a tres meses intransferibles de baja paternal, otros tres la madre, y tres más
a repartir entre ambos. Y esta ley ha sido un éxito: en 2009 el 85% de los
padres se beneficiaron de ella. Tras las protestas de 1975 se creó una red de
guarderías públicas (hasta entonces solo había para madres solteras). Otra
norma, que por beneficiar a un grupo reducido no nos resulta menos llamativa,
ordenó la equiparación de sueldos en la liga profesional de futbol, ya que los
miembros de la selección masculina ganaban cinco veces más que las de la femenina.
Y esto con la selección masculina en el puesto 96º del ranking mundial mientras
que la femenina ocupaba el 15º.
¿Por
qué es diferente la sociedad islandesa?
Las
razones que se aducen para estas inmensas diferencias con otras sociedades
occidentales son muy discutidas. Algunos atribuyen a las mujeres islandesas un
carácter resultado de la historia de sus antepasadas. Las antiguas sagas
enfatizan la fuerza e independencia de las mujeres islandesas. Pero la realidad
es que en la Edad Media tenían prohibido el uso de armas, tampoco podían llevar
el pelo corto, ser jefas o juezas y no
podían intervenir en las asambleas. La
romántica imagen idealizada de mujeres
bravas sacando adelante el hogar mientras que sus heroicos maridos pescaban en
peligrosos mares contribuye, en opinión de diversas autoras, a disfrazar la
realidad sociológica y económica de discriminación de género en Islandia.
Otra
línea de debate viene de la influencia de la religión luterana. La iglesia
escandinava, frente a los excesos de la iglesia católica en el Medievo, a la
que desplazó, priorizó la alfabetización tanto de hombres como de mujeres en el
interés de que pudieran leer la Biblia. Frente a la radical discriminación de
las mujeres en la iglesia católica, la creencia en la existencia de derechos
inherentes a todas las personas, llevó a una situación más igualitaria,
asumiendo las mujeres en el ámbito eclesiástico los mismos roles que los
varones.
Resultado
de la influencia de las religiones, el sexo y la maternidad se utilizan en
otras sociedades como instrumento de opresión sobre las mujeres. Actualmente en
Islandia predomina una moral secular en la que sexo y pecado no van de la mano,
sin discriminación en la valoración de los comportamientos sexuales de hombres y mujeres. Han ilegalizado la
compra de servicios sexuales y los clubs de striptease, al considerarlos
tapadera de negocios de trata de blancas y otras actividades delictivas.
La
violencia contra las mujeres
La manifestación extrema de la desigualdad de género es el
asesinato de las mujeres por su pareja o expareja. Entre 70 países analizados
en un informe publicado en 2010, Islandia fue junto con Malta y Andorra, uno de
los cinco países del mundo “donde no matan a sus mujeres”, 0 feminicidios. Muy
lejos de España, cuya situación llevó a decir al autor del informe, José
Sanmartín que “las mujeres en España parecen estar más seguras en la calle que
en su casa” porque siete de cada 10
víctimas lo son en su propio entorno. Este comentario es extensible a otros
países europeos como Suecia con tasas similares a las de España, en torno a 3,5
feminicidios cometidos por la pareja o expareja por millón de mujeres, y a
otros con tasas muy superiores como Hungría o Luxemburgo con valores por encima
de 10.
Pero Islandia tampoco ha conseguido acabar con la violencia contra las
mujeres. El Centro Islandés de Derechos Humanos urge a las autoridades
islandesas a mantener un gran foco sobre la violencia doméstica y trabajar por
aportar a las víctimas los apoyos que precisen.
Julie Gurdin y otras autoras islandesas cuestionan el discurso imperante
que considera la maternidad como algo público mientras que la violencia de
género se recluye al ámbito privado, y reclaman invertir el planteamiento
incorporando la violencia contra las mujeres al discurso público y dejando la
maternidad en el dominio de lo privado.
¿Perfección?
Islandia
quizás se acerca a la perfección sobre el papel, pero la realidad es otra, dice
Hildur Knùsdóttir de 27 años y autora de
un blog que denuncia el “sexismo subyacente”. Y continúa “la discriminación
salarial está prohibida, pero muchas mujeres cobran menos solo porque lo son.
También es ilegal violar o maltratar, pero sigue ocurriendo. No podemos dejar
de luchar". La meta es la igualdad total
con los hombres y las mujeres islandesas no aceptan nada menos que eso.
(Colaboración de Adela Olascoaga Arrate)




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